Mail sin destinatario
Querido
lector:
Te he
escogido al azar. No sabes quién soy, pero tengo dudas que tal vez puedas
aclarar. Para que puedas comprender un poco, te cuento que soy una burra mansa.
Suelo ir por los montes del sur, de un lado a otro.
Mi
amo se llama Manco. Si de casualidad por las profundidades de tu cerebro, ha
cruzado con prisa la posibilidad de que su nombre sea consecuencia de alguna
carencia física, debo decirte que no es verdad. A sinceridad, no sabría las
causas de dicho apodo, pero una vez escuché del burro del vecino Manolo, que
había escuchado de la boca de su amo, que a Manco puede que no le carezca la
movilidad de algún miembro, pero que es posible que le falten algunas tuercas;
dijo que algo dentro de su cabeza no funciona correctamente. Agregó que su
hermana Linda, lo dejó caer de cabeza cuando solo tenía algunos meses de
nacido, al parecer, trataba de dormirlo en una hamaca, pero al aplicar mucha
fuerza al empujarlo, terminó en el suelo como gotean los mangos maduros cuando
me dispongo a echarle mal de ojos. Si te preguntas cómo es dicha práctica, es
simple. Solo debes saber cuál quieres, mirarlo con intensidad y decir tres
veces en tu mente ´mal de ojo´.
Te
cuento que odio masticar hierba seca, pero mi amo se ha ensimismado en dármela
de comer. A veces me cruza la idea de darle un mordisco en las nalgas, a ver si
así entiende que cuando no como las raciones que me deja de esta, es porque no
es agradable a mi paladar. Prefiero la
hierba fresca o avena.
Siempre
he sido presta para el trabajo, si mi amo Manco me lleva al río por agua,
vuelvo juiciosa a casa con los bidones que ata a mi aparejo. También lo
traslado al pueblo, aun cuando el camino está lleno de arbustos que se pegan a
mi piel y me raspan, aun cuando le temo a las rocas afiladas que hay cerca del
rio por el que debemos cruzar. Ya estoy vieja para ese trabajo, me urge una jubilación.
Me duelen las patas y mi pelo ha perdido brillo y color. Pero no te escribo
para quejarme, resulta que le he contado mi secreto a los burros del campo y la
respuesta que he recibido de su parte, me ha dejado confundida.
Les
conté que todas las noches mi amo viene a verme, se coloca detrás de mí y
agarra mi cola, hay otra cosa que hace, pero no sabría explicarlo. No sé de qué
se trata esta práctica porque cuando pregunté a los demás animales si sus dueños también
le hacían eso, dijeron que no. No obstante, he escuchado que entre las señoras
por aquí cuchichean sobre lo que hace mi amo conmigo y al parecer, es por eso
que no tiene esposa.
También
hablé con las chivas y una me contó que su amo le hace lo mismo, pero el sí
tiene esposa. Entonces, he llegado a la conclusión de que es posible que yo no
sea la razón por la que mi amo, no tiene compañera. Aunque, también sucedió
algo un tanto inusual. La vecina Martha, esposa de Manolo, una vez le voceó al
padre de mi amo ´Edelmiro, quítale la burra a Manco, te lo va a matar’. No sé
si sea verdad, porque me lo contó otro burro. Dijo que aquel día, mi amo iba
conmigo camino al río.
Ese
día, no fuimos por agua.
Se
despide,
La
burra de Manco.
P.D.:
Si te preguntas cómo logré escribir esto, lo he dejado a tu imaginación.
Jjj, ay Dios.
ResponderEliminarSi te digo a mi alguien me habló de un hermano, que su Pádre los mandaba a mudar los animales y el susodicho se llevaba una sillita.
Que para que la usaba? No se, pero ahora ya me doi por entendido.
Gracias por escribir, aquí sigo para leerte.
Saludos. Gracias por leer. Te cuento que hace unos días, con mi madre y unos tios por llamada, hablabamos de eso mismo, resulta que esa historia es real y la persona que suele hacerlo, lo encontró mi tio con la mula de la familia. No sé en qué fue a parar eso, pero la verdad, me indigna lo que sufren esos animales a manos de humanos, cuál es la necesidad? No lo entiendo.
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