Si ella no… por Audrys Cuevas

 


 



Alex tallaba sus manos con frenesí, el agua se llevaba consigo lo poco que quedaba de aquella madrugada atroz. Rasgaba sus dedos con la fricción de sus manos. Su sangre se camuflajeó con la de Amanda.

Él no quería hacerlo, pero la situación se había salido de control. La frustración lo segó y en parte, ella tuvo la culpa. Si Amanda no hubiera querido dejarlo, él no se hubiera enojado. Si bien es cierto que él la engañó con una mujer en un bar que nunca había visto hasta ese día, con la vecina y la sobrina de su cuñada, pero todo fue producto de un desliz, no era para tanto. No debía abandonarlo y que quisiera hacerlo, le hervía la sangre.

¿Habría sido el golpe en la cabeza o las múltiples heridas del cuchillo de cocina, lo que le habría dado fin a su vida?

Es posible que si Amanda no se hubiera resistido cuando él en busca de evitar la ruptura la encerró por unos días, ella estaría viva. Alex solo quería arreglar las cosas, que ella reconsiderara esa exagerada decisión de abandonarlo. Amanda ya lo había pensado mucho, fueron muchas noches en vela en busca de fuerza para dejarlo. Existía algo que la ataba y que más adelante sería un problema, pero había tiempo de más para preocuparse por eso.

Alex suspiró mientras se miraba en el espejo. Una lánguida gota corrió por su mejilla derecha. La frustración seguía a flor de piel, la culpa aún no se manifestaba. Aquí solo hay espacio para la justificación. Sus ojos viajaron hacia el reflejo de su ropa que le brindó el espejo, estaba manchada del único testimonio del vil suceso. Sin pensarlo dos veces, rasgó su vestidura y la envolvió para echarla junto al cuerpo de la chica. Se dio una larga ducha en busca de desaparecer todo rastro de aquel líquido que había manchado su piel. Se vistió como cualquier otro día para ir a su trabajo.

El olor a luz de sol, le recibió al salir, caminó entre el gentío que iba de un lado a otro. Hoy sí lo habían notado y al parecer lo juzgaban. Alex sentía que llevaba un letrero en la frente que le tachaba de “Killer”.

En la oficina todo se convirtió en una larga tortura, a la mayoría le había dado por preguntar de más por Amanda y el bebé. Él solo se limitó a decir que ella había decidido pasar el embarazo con su madre.

En la noche, al llegar a casa sintió el frio de su ausencia. Se preguntó por la razón de su desamor. Se sintió opaco y vacío, era como si un muralista sin inspiración, le hubiera robado color. Caminó de un lado a otro, repetidas veces: uno, dos, tres, contaba para no perder la conciencia. Su mente empezaba a distorsionarse y en la oscuridad del lugar, escuchaba los ruegos de Amanda y por un instante, volvió a ver sus ojos apagándose. 

Todo fue su culpa, si ella no… decía, maquillándolo de consuelo. Su culpabilidad y la perdida no desaparecerían mintiéndose, además ¿qué le diría a sus padres cuando llamaran preguntando por ella? ¿Qué dirían sus amigos cuando supieran? Seguramente le darían la razón a él.

Caminó hacia la habitación que habían compartido por años, con lentitud se quitó los zapatos y se recostó en la cama, Amanda a su lado se ponía morada; “es a causa del frío” se dijo. “Debería arroparla”.

 

Fin.

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