Perdón si te digo apreciado por Audrys Cuevas
Apreciado Blass:
A pesar de que le digo apreciado, creo que eres un asco y lamento el día y la hora en que te atravesaste en mi camino.
Me arrepiento rotundamente el haber aceptado subir a aquel tren con destino a Paris. Lejano día que parecía glorioso, hoy no es más que un trago amargo del ocaso de mi incomprendida vida.
Recuerdo la desconfiada y un tanto candorosa mirada de tu mujer, sus ojos de un gris pálido inquietante. Piel radiante y suave como la seda, senos firmes sobre su vientre abultado.
Usted se alimentó de nuestra juventud como un parásito invasivo, consume todo a su paso; como un día después de una tormenta, inundando todo de dolor y muerte.
Terrible señor, ¿recuerda cuándo, entre las paredes de aquel motel, le dije que ya no buscaría sus ojos más? Su mirada de fuego consumidor me avisó que decir eso, había sido un grave error. Usted dijo que se entregaría a la oscuridad. No le creí, fue más la embriagues del impulso que me hizo ceder al ardor de sus llamas. Concluido el acto, di la espalda; con el orgullo desecho, tomó usted su revólver Modelo 1892 y disparó.
¿Qué habrá dicho su hermosa dama al enterarse de nuestra ilógica aventura? Supe que le pidió el divorcio y que cuando usted corrió a sus brazos, le rechazó. ¿A qué le supo?, ¿amargo, tal vez? Supongo que fue un sorbo de su propia medicina. Existen infortunios que uno mismo desencadena.
¿Fue mi cabello desaliñado, mis ojos azules o mi paso despreocupado que le cautivó? Puede que haya sido mi juventud. Eran décadas de diferencia.
¿Cómo ha sido su estadía tras las rejas? ¿Alguna nueva presa? Confieso que mi corazón alberga gramos de melancolía y sinsabores. Odiado mío, ¿cuándo tu amor se convirtió en destrucción?
Pero no logro dejar ir su abrasadora sonrisa. Espero verle al salir, le estaré esperando en la misma cama, mismas cuatro paredes de color gris.
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